PROCESO ARQUITECTÓNICO

El proceso de construcción de la sede de la Fundación Luis Seoane comenzó en el año 2000, a través de un concurso público que solicitaba un proyecto para la remodelación del antiguo Cuartel de Macanaz, situado en el casco histórico de A Coruña, y de su entorno. El edificio original databa de 1703, y había sufrido múltiples transformaciones, no siendo una construcción de especial interés patrimonial, aunque conservaba un hermoso Patio de Armas con losas de granito y columnas del mismo material. El 29 de mayo de 2000, se adjudicaría finalmente el concurso al estudio de los arquitectos Juan Creus y Covadonga Carrasco.

El patio fue el elemento a partir del que se organizaron el resto de los espacios, tanto interiores como exteriores, a través de aberturas y transparencias. Gracias a éstas el patio se extiende hacia las calles, la muralla y el parque, haciendo que la planta baja del edificio permita múltiples visiones, recorridos y referencias que integran definitivamente este espacio en la trama de la ciudad histórica y le confieren un valor de acogida que nunca había tenido como cuartel.

El espacio entre la iglesia y el cuartel se encontraba cegado por múltiples construcciones auxiliares, por ello Creus & Carrasco tomaron la decisión de recuperarlo como un nuevo espacio público que sirve de acceso principal al edificio y como conexión para los paseantes ocasionales con los jardines de la Maestranza, siguiendo el recorrido de la muralla.

Es aquí donde se construyó una fachada nueva, con piedra y vidrio, que define el vestíbulo de acogida y que con su transparencia permite intuir el patio desde el exterior. Es un gran hórreo hecho con una doble piel de largas piezas de granito de 240 cm. de longitud y 14 cm. de espesor que se van apoyando en otras más pequeñas en forma de U de 33 cm. de ancho que abrazan una estructura metálica que soporta el paño ciego de la segunda planta.

La elección del granito para la fachada del edificio no es casual: le sirve a éste como punto de integración en el entorno, ya que la mayor parte de los edificios del Casco Histórico emplean este material. En el interior de la Fundación, la piedra sigue presente en los espacios de acogida (vestíbulo, recepción), pero, una vez franqueada la zona de entrada, la madera surge como elemento que destaca sobre el fondo blanco de las salas de exposición. Escaleras, pavimento y mobiliario son de madera, y se transformarán en hormigón pulido en la zona del sótano, destinado a instalaciones y zona de almacenamiento.

Las salas de exposiciones temporales se encuentran en la planta baja del centro, a ambos lados del patio: la de mayor superficie puede vislumbrarse a través de los cristales de la fachada y se concibió, dada su estructura clásica, para dar cabida a todo tipo de manifestaciones artísticas, a lo que contribuye su apertura hacia la cristalera y el vestíbulo, mientras que otra de menor superficie se destinará a proyectos específicos y, fundamentalmente, a proyecciones de vídeo.

A través del vestíbulo accedemos, gracias a una escalera de madera, a las salas de la primera planta. Esta escalera deja paso a la que es la sala más grande del edificio, en la que destaca como elemento arquitectónico principal un lucernario orientado al norte, que le permitirá al espectador sentir la presencia de la luz natural, elemento básico que se extiende a lo largo de la galería que se sitúa por encima del patio de la planta baja. Paralelamente a la galería se ubica otra sala, de dimensiones más reducidas, que puede interactuar con la sala principal. A la derecha de la galería, a través de una apertura al fondo de la misma, descubrimos la tercera sala de este primer piso, custodiada por un mar de mármol, elemento básico de las vitrinas de exposición adosadas a los muros y presentes en el centro de este espacio.

La segunda planta albergará la zona de personal y oficinas, además de la biblioteca y centro de documentación y una pequeña sala de exposiciones concebida para albergar muestras relacionadas con el libro y la edición. La biblioteca recibe la luz tamizada gracias a una gran pared de cristal al ácido que se abre por encima de la galería de la primera planta y el patio: en su parte final, destinada a archivo documental, serán unos lucernarios alargados orientados al norte los que iluminarán la estancia.